¿Alguna vez has sentido que amas a alguien lo suficiente como para dar tu vida por él/ella? Esa sensación que te provoca las ganas de cambiar el mundo entero para que sea perfecto para una sola persona. Una persona que abrió tu corazón y se instaló en él, como la oruga se instala en la manzana. Una amiga.
¿Alguna vez has sentido que odias a alguien tanto como para quitarle la vida? Esa sensación que te provoca un dolor intenso en el pecho con tan solo oír algo relacionado con ella. Algo que te recuerde a ella, una canción, una comida, una mirada. Una persona que abrió tu corazón y lo partió en finos pedazos, para después desparramarlos por el suelo embarrado y mirarte con inocencia. Un amigo.
Pues ahora, coge estas dos sensaciones. Agárralas fuerte, para que no se vayan volando, y mételas en una licuadora. Después, en una lavadora. Después en una montaña rusa, en un átomo, en un beso, en palabras, en tinta. En todo lo que se te pueda ocurrir. ¿Te lo imaginas? Las dos sensaciones contrarias, dos polos iguales que se repelen, dos personas que nunca debieron conocerse, dos acontecimientos que no debieron ocurrir a la vez. Eso es lo que estoy tratando de entender ahora. Es lo que vivo ahora. Tratando todos los días de entender el amor.
Al leer esto debes pensar "qué le pasa", "que ocurre", "estas loco" y un sinfín de otras calificaciones con las que ya me he topado. Un sinfín. La realidad es mucho más simple. Estoy profundamente enamorado. Hay una chica que llegó a cambiar mi mundo. La conocí por casualidad una tarde cualquiera. Yo, como buen adicto, entré sin permiso a la sala de música, mi lugar sagrado en el colegio. Hace ya bastante de eso. Resulta que este día no sería un día como todos los demás. Tenía pensado llegar y encerrarme en mi mundo, como siempre. Tocar todas las guitarras. Afinar cada instrumento. Tocar batería horas en mi soledad. Jugar con las teclas del piano, soñando que algún día aprendería a crear hermosas melodías con él. En lugar de la normalidad de mi extrañeza, me encontré con ella, casi acostada en las teclas de mi santuario, llorando.
No soy un chico antisocial, y trato de ayudar a quien pueda, por lo que mi primera reacción fue acercarme y preguntarle que le ocurría. Recuerdo haberla abrazado. Algunas de sus lágrimas doradas cayeron sobre mi polerón azul del colegio. Desde entonces, mi vida no volvió a ser la misma. Siempre he pensado que tengo una estrella que me ayuda a estar en el lugar correcto en el momento indicado. Ese día, mi estrella brilló como nunca. Desde entonces hasta hoy estoy profundamente agradecido a la vida por lo que me presentó delante, una común tarde de fines de verano. Tras secarle las lágrimas de la cara e inmediatamente conseguir una de sus bellas sonrisas, pasaron horas volando. Nos hicimos mejores amigos al instante. Al parecer, ella cayó en un flechazo mayor que el mio; en ella vi a la chica que sabía que iba a estar presente de alguna manera en mi vida siempre. Pero no me gustaba, ni me sentía tan atraído a ella como lo que ella sentía por mi. He pensado muchas veces porqué fue así, para tan solo llegar a la conclusión de que había blindado mi corazón. Antes había sentido lo mismo por una chica, seguí ese sueño durante 7 años para tan solo llorar y no tener las agallas de actuar. Me blindé. Me cerré. Por suerte, ella es igual de cabezadura que yo, así que siguió a mi lado siempre. Y me conquistó. Me embrujó con sus grandes ojos. Consiguió ganarse mi corazón y mi cuerpo. Luchó por mi. Me apoyó en todo momento. Rompió el blindaje de mi corazón, encontró la llave y se acomodó en él. En este punto, seguramente te preguntarás, ¿Qué pasó?. Es una larga historia. Pero tengo tiempo. Así que la contaré entera.
Siempre estoy contigo ♥
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